Dice una leyenda urbana que el Fantasma de Verano se aparece en las ruinas del viejo aeropuerto cuando alguien enciende una bengala. Tomoya, Aoi y Ryô, tres adolescentes que no encuentran razones para seguir viviendo, deciden buscarla antes de abandonar el server. Lo que parecía un juego macabro se convierte en una experiencia real: la aparición de una joven yūrei que, según la historia, solo se muestra a quienes apenas tienen tiempo de vida. Desde ese momento, sus días quedarán marcados por una amistad imposible y por el misterio que envuelve a la chica fantasma.
¿Tiene buena pinta? ¿Sí?
Pues Summer Ghost es uno de los mangas más decepcionantes del año, pero nadie te lo dice, no vaya a ser que las editoriales no les manden más ejemplares de prensa.
Con el índice de suicidios de Japón (que tampoco es tan alto como se cree y al que habría que añadir el factor cultural, religioso e histórico del país), no es extraño que tengamos muchas obras que tratan el suicidio y la adolescencia. Tenemos mangas de terror como el decepcionante El club de los suicidas de Usumaru Furuya o mangas sobre relaciones tóxicas como el de Tras el cielo gris, que encima está inacabado por mucho que Norma diga que su edición en dos volúmenes está completa (el gato de Schrödinger del manga, vaya). Y a todo esto podemos añadir Summer Ghost… pero no como un buen ejemplo. Tiene la profundidad de un charco y sus reflexiones recuerdan a las reflexiones que haría un adolescente emo que le guste el anime en su space del MSN en 2008.
Así que pongamos una canción acorde para esta reseña.
De una novela online a un corto
Summer Ghost, manga de Yoshi Inomi basado en la historia original de loundraw y el guion cinematográfico de Hirotaka Adachi (Otsuichi), adapta un mediometraje que ya contaba toda esta trama de adolescentes intensos. Y quizá ahí radica parte de su problema: lo que funciona en menos de media hora en pantalla se complica cuando hay que estirarlo a dos tomos de papel y queda resuelto de aquella manera.
El primer volumen es, con diferencia, el mejor. ¿Por qué? Porque te engaña. Ya hablamos de por qué leemos libros malos, pero en este caso, pensamos que estamos ante una historia aceptable. No te cambiará la vida, pero tampoco acabará con ella. Y es que tiene la fuerza de la premisa y se atreve a mirar de frente a la salud mental de los jóvenes japoneses, a las presiones académicas, familiares y sociales que pueden empujar a alguien a desear desaparecer. No romantiza la depresión, pero tampoco la trata con el frío aséptico de un informe clínico.
A ello se suma un final que abre las puertas a algo mucho más grande: el descubrimiento de que la fantasma del verano no se suicidó, sino que fue asesinada. Un giro potente, capaz de transformar una historia de melancolía adolescente en un The Lovely Bones a la japonesa, con su propio tono y un trasfondo cultural que podía dar muchísimo juego.
De correcto a peor
Sin embargo, en el segundo tomo, todo ese impulso se desvanece. La narración se enreda en diálogos y escenas que giran alrededor de la misma idea sin avanzar (me quiero morir, me quiero morir… blablablá). Los personajes repiten conflictos internos que ya estaban claros, el misterio se estanca y el supuesto clímax no merece en demasía la pena. Lo que debería ser la investigación del asesinato se convierte en una serie de momentos contemplativos que, en dosis pequeñas, funcionan, pero acumulados, diluyen cualquier urgencia narrativa.
Pero más allá de la historia, el dibujo cumple, sin excesos ni desastres. Es capaz de transmitir la luz suave y etérea de una noche de verano y de reflejar en los rostros cierta tristeza contenida, pero visualmente no se atreve a explorar la dimensión fantasmagórica de la historia, quedándose en un realismo limpio que, en este caso, termina jugando en contra: la parte sobrenatural nunca llega a ser inquietante ni plasma la auténtica melancolía que supone la muerte de la infancia que representa ese verano para sus jóvenes protagonistas.
En conjunto, Summer Ghost es un caso claro de oportunidad perdida. Tenía una premisa magnética, un contexto cultural rico y un arranque prometedor. Podía haber sido un relato sobre la muerte joven, la amistad en el borde del abismo y la búsqueda de justicia frente a lo invisible. En cambio, se queda en un drama adolescente con barniz sobrenatural que se disuelve antes de dejar huella.
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