Partamos de dos ideas básicas:
- K-Pop Demon Hunters se ha convertido en un fenómeno. Hace poco, se confirmaba que era la película más vista de Netflix (con una lista de producciones de dudosa calidad, por cierto). Seguramente, este fenómeno haya sido inesperado para Netflix, Sony, Columbia y todos los involucrados, pero no hay que preocuparse: ya explotarán la obra hasta que le tomemos manía. Y es que el éxito ha sido tal que Netflix ya ha confirmado una trilogía y una película de acción real, porque, bueno, ya se sabe: siempre hay que explotar una idea hasta que deje de ser fresca, original y divertida (véase las bases del capitalismo).
- Este año se han estrenado películas terribles en cine y esta se ha estrenado en plataforma e, irónicamente, quizá ahí haya radicado su éxito: muchos usuarios la vieron directamente en casa, esperando una bizarrada, y se toparon con una buena película de animación. No obstante, Sony ya la ha rentabilizado haciendo el estreno de una versión sing along en la gran pantalla.
K-Pop: Demon Hunters (Las guerreras K-Pop, qué tontos fuimos en España pudiendo hacerle un homenaje a Buffy, cazavampiros) es, sin duda alguna, la definición perfecta de una película veraniega: ligera, divertida y visualmente llamativa. Ahora que termina nuestro verano, cabe mirar atrás y pensar en su estrategia de marketing, más basada en el runrún de los fans que en fórmulas más tradicionales. Mientras que estrenos como la segunda temporada de Wednesday quedaban raros en verano (hubiera sido mejor a finales de septiembre o en octubre, el mes por antonomasia de Halloween), con K-Pop: Demon Hunters sí acertaron al estrenarla en junio.
Producida por Columbia Pictures y Sony Pictures Animation, nos presenta un relato entretenido con una mezcla muy acertada de humor, aventuras, mitología coreana y buenas dosis de música K-Pop, diseñada para quedarse en nuestras cabezas durante días. Es más, creo que parte de su atractivo radica en su capacidad para hacerse viral en redes sociales sin tener que recurrir a lo soez o a lo cutre. A lo que se suma el interés actual por todo lo vinculado a Asia y, en especial, el fenómeno musical surcoreano, que ha atravesado sus fronteras y llegado a todo el mundo.
Fantasía coreana
Sobre esta idea, que la película se base en la cultura del K-Pop y en la mitología coreana resulta refrescante. Si bien estamos cada vez más acostumbrados a la fantasía nipona (aunque esta muchas veces mira más a Europa de lo que me gustaría, con marcadas excepciones como la fantástica InuYasha), K-Pop Demon Hunters demuestra que se pueden contar grandes historias de fantasía basándonos en la magia de Corea del Sur. No obstante, tampoco hay que fliparse: la película es bastante estadounidense (su idioma principal es el inglés, aunque recomiendo verla en coreano, con subtítulos) y toma todo sin profundizar en demasía, pero, vaya, tampoco esperaba un análisis de la cultura coreana en una película de aventuras veraniega y si sirve para que más espectadores se interesen por ella, bienvenida sea.
La trama gira en torno a las integrantes del grupo de K-Pop Huntrix: Rumi, Mira y Zoey, quienes ocultan una vida secreta como cazadoras de demonios. Bajo las enseñanzas de Celine, una cazadora retirada que adoptó a Rumi tras la misteriosa muerte de sus padres, las chicas enfrentan al malévolo rey demonio Gwi-Ma, cuyo plan consiste en arrebatar las almas de sus fanáticos mediante una falsa banda musical liderada por el siniestro y astuto Jinu. Sí, el argumento es simple, pero funciona gracias a su humor, su ritmo y su espectacularidad. Es sencilla, pero ¿cuántas veces fallan otras superproducciones a la hora de hacer todo esto? Véase la última adaptación de Los Cuatro Fantásticos…

Animación y banda sonora espectaculares
Uno de los grandes aciertos de K-Pop: Demon Hunters es su espectacular animación (dirigida por Chris Appelhans y Maggie Kang), que ofrece un estilo que fusiona perfectamente elementos del anime con técnicas CGI. Por una parte, debido a la velocidad de fotogramas, recuerda a la maravillosa Spider-Man: Into the Spider-Verse, también de Sony. Todo ello gracias a esa combinación brinda una estética vibrante y dinámica, destacando tanto en secuencias de acción frenética (ese inicio al estilo James Bond…) como en los momentos más cómicos (la actuación de los demonios k-popers). No sé por qué Netflix tiene la idea de una adaptación en formato live action, ¿no han aprendido nada de los remakes cutres de carne, hueso y CGI de Disney?
Pero hablemos de un tema importantísimo en este musical: la banda sonora es otro punto fuerte… y vaya si es el punto fuente que en Spotify, YouTube Music y similares ha arrasado. No deja de ser pop, pero como el buen pop, es pegadizo y no requiere una lobotomía, como el reguetón (pero recordemos que el reguetón no es música…). Cada canción parece destinada a convertirse en un éxito por sí misma. Desde el pegadizo «Takedown», interpretado también por Jeongyeon, Jihyo y Chaeyoung de Twice, hasta «Golden», el que más se ha quemado por redes sociales, todos los temas cumplen su cometido de hacer que el espectador sienta que está viviendo un auténtico concierto de K-Pop mientras ve la película. O, siendo sinceros, se quedan grabadas en tu cerebro hasta el punto de sorprenderte a ti misma tarareándolas. Esto sí es una buena banda sonora y no los fallidos intentos de Lin-Manuel Miranda por convertirse en el nuevo compositor estrella de Disney.
Una agradable sorpresa
Además, bajo esta superficie de esta película ligera se esconde un mensaje que merece ser destacado: la importancia de aceptarse a uno mismo, con todos sus defectos y peculiaridades. Este tema está personificado en Rumi, quien debe aceptar sus raíces demoníacas y aprender que su verdadero poder viene de ser auténtica, no de esconder su verdadera naturaleza. Es un mensaje positivo y poderoso especialmente dirigido a un público joven que probablemente empatizará con esta lucha interna. En esta época donde muchas películas (de animación o no) se conforman con entretener o soltar la diatriba de turno, está muy bien contar con un film que apoye ideas básicas que, por desgracia, se han olvidado en nuestra sociedad.
Sin embargo, no todo es perfecto. Algunos elementos prometedores, como el misterio en torno al padre demonio de Rumi o el aparente destino del personaje masculino principal, quedan en el aire y se perciben ciertas reescrituras que afectan a personajes como Celine (se eliminó toda una subtramas con este personaje que, al final, queda en un segundo plano). Claramente, la película se guarda cartas para una posible secuela que esperamos llegue pronto.
En definitiva, K-Pop: Demon Hunters no es una obra revolucionaria ni pretende cambiar tu vida, pero ofrece exactamente lo que promete una buena película veraniega: diversión, humor, aventura, música pegadiza y una historia lo suficientemente atractiva como para que uno termine pidiendo más. Ideal para disfrutar en esos días calurosos de verano, con palomitas y ganas de pasar un buen rato.
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